
Este boleto combinado le da acceso a los 5 mejores lugares de la ciudad de Roma: el Coliseo (incluido el Foro Romano y la Colina Palatina), los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina, San Pedro (visita guiada) y Bus turístico por Roma.
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Sáltate las largas colas con este boleto de entrada. Después de visitar el Coliseo, puedes ir al Foro Romano y Monte Palatino que se encuentran opuesto al Coliseo.
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La Galería Borghese en Roma alberga obras de Caravaggio y Bernini, antes colección privada del cardenal Scipione Borghese. Admira el claroscuro de "San Jerónimo escribiendo" y el David de Bernini, capturado en pleno movimiento. Sin colas.
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Descubre la Basílica de San Pedro con una visita guiada exprés y entrada reservada, sin colas. Tu guía te mostrará la cúpula de Miguel Ángel, el Baldaquino de Bernini y la Piedad, obra maestra de Miguel Ángel.
Leer más...Situada junto a las Murallas Aurelianas y contigua a una de las puertas de la época imperial (Porta del Popolo, antes Porta Flaminia), esta plaza es una de las más grandes de Roma, con una superficie de aproximadamente 17.000 metros cuadrados. Es un punto de partida ideal para un hermoso paseo romano.
Al llegar a la parada de metro, la forma más habitual de acceder a la plaza es siguiendo el mismo camino que recorrían los romanos durante el Imperio: la puerta de las murallas de la ciudad, restaurada por completo a mediados del siglo XVI.
La fachada exterior de la puerta y la interior son completamente distintas entre sí. Por fuera, la puerta luce cuatro columnas procedentes de la antigua Basílica de San Pedro. El diseño interior estuvo a cargo del célebre arquitecto Gian Lorenzo Bernini, en honor a Cristina de Suecia, la reina que renunció a su trono, se convirtió al catolicismo y se trasladó a Roma, donde dedicó su vida a la caridad, el arte y la música. En la parte superior de la puerta hay una inscripción que conmemora su llegada en 1655.
Una vez cruzada la puerta, la vista es sobrecogedora. Frente a ti, detrás de un alto obelisco, aparece el famoso “Tridente”, es decir, el punto de partida de las tres calles que salen de la plaza en forma de abanico, junto con dos iglesias idénticas conocidas como las “iglesias gemelas”.
Si giras a la izquierda y levantas la vista, tendrás una panorámica (desde abajo) de la Terraza del Pincio, uno de los lugares favoritos para conseguir la típica foto de postal. En esta terraza, el mejor momento para captar la toma perfecta es al final de la tarde, cuando el sol ilumina los tejados y las cúpulas de las iglesias. La terraza también es un punto de encuentro muy frecuentado por los romanos, y se considera uno de los rincones más románticos de la ciudad.

A lo largo de los siglos, la Piazza del Popolo ha pasado por numerosas restauraciones y transformaciones. La estructura actual se debe al arquitecto Giuseppe Valadier, quien remodeló por completo la plaza a principios del siglo XIX. El arquitecto es célebre en Roma por la espléndida villa del parque Borghese que lleva su nombre: la Casina Valadier, hoy convertida en un elegante y exclusivo café, lounge bar y restaurante.
Santa Maria dei Miracoli y Santa Maria di Montesanto
Estas dos iglesias son un ejemplo único de “iglesias gemelas”. Vistas desde fuera parecen idénticas, pero al entrar se descubre la diferencia principal: la iglesia de la derecha tiene planta circular, mientras que la otra tiene planta elíptica.
Originalmente, Santa Maria dei Miracoli (Santa María del Milagro) era un pequeño fresco de la Virgen situado junto al río. El milagro hacía referencia a una intervención divina (hacia el año 1300) durante el rescate de un niño de las aguas. En 1675, por encargo del papa Alejandro VII, se construyó una iglesia para conmemorar el suceso. Hoy, la iglesia de Santa Maria dei Miracoli (la de la derecha) conserva una copia de la imagen original.
Santa Maria di Montesanto (a la izquierda) es conocida popularmente como la “iglesia de los artistas”, ya que allí suelen celebrarse los funerales de reconocidas figuras del mundo del espectáculo.


Basílica de Santa Maria del Popolo
La primera construcción de la iglesia data del año 1100, aunque el edificio fue completamente reconstruido durante el Renacimiento. Más adelante, en el periodo barroco, fue rediseñada por Gian Lorenzo Bernini. En su interior, entre muchos otros tesoros artísticos, destaca la Capilla Chigi, con esculturas y pinturas de Rafael y Bernini. En su juventud, mucho antes del cisma, Martín Lutero residió en el monasterio situado junto a la iglesia.
El obelisco egipcio
Tras liderar una victoriosa campaña militar en Egipto, el emperador romano Octavio Augusto trajo este obelisco (datado en el año 1300 a.C.) a Roma en el año 10 d.C. y lo colocó en el Circo Máximo. El monumento, de 36 metros de altura y dedicado a la deidad solar, fue derribado y se partió en tres fragmentos durante las invasiones bárbaras. No fue recuperado hasta el Renacimiento, cuando se colocó en el lugar que ocupa hoy.
La Fuente de los Leones
Valadier, el arquitecto responsable de la gran renovación de la plaza, decidió retomar un proyecto de 300 años de antigüedad que pertenecía originalmente a Sixto V, el mismo papa que había hecho traer el obelisco hasta su ubicación actual. Valadier construyó cuatro fuentes con otros tantos leones de estilo egipcio, colocadas en las esquinas del obelisco.
La Fuente de Neptuno y la Fuente de la Diosa de Roma
Llegando desde las Murallas Aurelianas, se ven dos fuentes: una a la derecha (la Fuente de Neptuno) y otra a la izquierda (la Fuente de la Diosa de Roma). Ambas comparten la misma estructura; solo el cuerpo central cambia, y junto con las iglesias gemelas aportan una simetría poco habitual en Roma. La Fuente de Neptuno representa al dios del mar junto a tritones y delfines, mientras que la otra muestra a una diosa que personifica a Roma, acompañada de dos estatuas que representan los ríos Tíber y Aniene. En la parte inferior aparece el emblema de Roma: la Loba amamantando a Rómulo y Remo, los dos fundadores de la ciudad.


Las tres calles que nacen en la plaza son Via del Babuino (a la izquierda), Via del Corso (en el centro) y Via di Ripetta (a la derecha). Aunque a primera vista se parecen, tienen personalidades muy distintas. Si quieres ir directo a la Escalinata de la Trinità dei Monti, elige la de la izquierda. Via del Babuino te llevará hasta allí en unos 10 minutos, pero si eres amante del arte, te recomendamos un pequeño desvío hacia la hermosa calle paralela que discurre justo detrás, Via Margutta, famosa entre artistas modernos y contemporáneos y que tuvo entre sus residentes a Renato Guttuso (pintor y escultor) y al director de cine Federico Fellini. Allí, entre edificios del siglo XVII cubiertos de vegetación, encontrarás galerías privadas y tiendas de arte.
Via del Corso, que termina en la Piazza Venezia, es perfecta si tienes ganas de ir de compras en serio: encontrarás tanto marcas de lujo como boutiques más accesibles. Via di Ripetta (la calle de la derecha) se construyó en época antigua y, hacia el año 1000, daba acceso a un puerto semicircular sobre el río Tíber, construido con escalones de mármol. El puerto fue destruido hace unos 150 años para construir los muros de contención frente a las frecuentes crecidas del río.
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Las fuentes son testimonio de la riqueza de Roma en agua de manantial pura. De hecho, solo en el centro histórico hay aproximadamente 280 pequeñas fuentes de agua potable de uso público (conocidas popularmente como “nasoni” por su grifo curvo en forma de nariz). Si se tiene en cuenta todo el territorio de la ciudad de Roma, el número de fuentes llega a 2.500.
A lo largo de los siglos, la historia “oficial” de Roma ha sido narrada por destacados académicos en extensos estudios basados en hechos y evidencias incuestionables. Aun así, las leyendas que rodean a la ciudad son numerosas y fascinantes. A veces, la frontera entre la verdad y el mito se difumina.
Hacia el año 1100 d.C., por encargo del papa Pascual II, la plaza tomó su nombre de la Basílica de Santa Maria del Popolo, la iglesia situada junto a las Murallas Aurelianas. En latín, la palabra “populus” también significa álamo: esto podría indicar que el nombre proviene de una arboleda cercana al sepulcro de los Domicios, donde fueron enterrados los restos de Nerón. Este lugar de enterramiento, perteneciente a la época imperial, se encontraba justo donde hoy se alza la iglesia.
Cuenta la leyenda que el fantasma inquieto de Nerón solía vagar por las murallas de la ciudad, donde se reunía con criaturas malignas y brujas bajo un árbol centenario. Por ello, Pascual II ordenó destruir tanto el sepulcro como el árbol, poniendo fin a una superstición muy extendida: se creía que los cuervos que se posaban en el árbol eran demonios a la espera de la reencarnación del malvado Nerón. La creencia de que el emperador resurgiría del infierno estaba muy arraigada tanto entre el pueblo como entre la intelectualidad cristiana de la época.

La plaza está muy bien conectada con el resto de la ciudad. La forma más sencilla de llegar es bajarse en la parada de metro “A” Flaminio - Piazza del Popolo. Dependiendo de dónde vengas, también puedes llegar en el tren Roma Nord, en tranvía (línea 2) o en alguno de los muchos autobuses que paran en la cercana Piazza Flaminio, al otro lado de las Murallas Aurelianas.
Justo encima de la plaza, el parque de Villa Borghese ofrece un atajo cómodo para llegar a Via Veneto. Basta con subir hasta la Terraza del Pincio y luego girar a la derecha, hacia otra entrada del parque llamada Porta Pinciana.
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