
Este boleto combinado le da acceso a los 5 mejores lugares de la ciudad de Roma: el Coliseo (incluido el Foro Romano y la Colina Palatina), los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina, San Pedro (visita guiada) y Bus turístico por Roma.
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Leer más...Uno de los aspectos más populares y llamativos para estudiar en la Antigua Roma es sin duda alguna la religión. Y es que entre la fantasía y la creatividad, hubo conceptos interesantísimos que nos dan a entender las verdaderas prioridades y expectativas de los romanos para ese entonces.
Aunque sí es cierto que la religión romana tuvo muchísima influencia de la religión griega, (incluyendo las funciones de los dioses, templos para adorarlos, entre otros) estos incorporaron elementos nuevos en un contexto ya bastante distinto. Y como ya sabemos, a través de la historia el politeísmo en Roma continuó desvaneciéndose progresivamente durante la era del Imperio Romano, pero tuvo una permanencia casi absoluta durante la república y los primeros años del último periodo.
Durante la permanencia de la religión politeísta, hubo tres tipos de cultos: el culto doméstico, el culto público y posteriormente, el culto imperial (culto al emperador), el cual se quedó activo incluso con la llegada del cristianismo.
En cada hogar había ciertos numinas o dioses que se encargaban de velar por el bien familiar, ya sea en la alimentación, la seguridad, el éxito… Había deidades específicas para adorar en los hogares, privadamente, ya que tenían funciones particulares: esto es lo que se denominaba el culto doméstico.
Dentro del culto doméstico, existían varias figuras en la familia quienes contribuirían con el bienestar de todos en el hogar:
Los Lares eran los dioses que velaban por la vida familiar y por la prosperidad. Eran pintados en las paredes o estaban en formas de estatuillas.
Los dioses Penates eran aquellos que protegían también el hogar y los derechos y deberes dentro de la vivienda. Por ellos, se hacían sacrificios pequeños. Su altar generalmente se encontraba en la cocina.
El Genius era la deidad o numen que tutelaba sobre los hombres y cosas. Se le nombraba en eventos importantes como las ceremonias nupciales. Se supone que era el encargado de determinar la condición y el carácter de las personas.
Por último, estaban los dioses pequeños que velaban sobre las actividades diarias, como la diosa que cuidaba la entrada y salida de los integrantes del hogar, el dios que velaba por el bien de los rebaños, los dioses del comer y del beber, etc.
En el culto público, se hablaba de dioses muy similares a los griegos, frigias y egipcios, por lo que muchos, sobre todo la triada principal (Minerva, Juno, Júpiter), tenían funciones similares. Públicamente, se entendía que cada acción grande o pequeña tenía que ver con la voluntad de las deidades.
Por ejemplo, si terminaba una guerra, probablemente se le atribuyese al dios correspondiente (Marte). Para alabar a los dioses se hacía una variedad de actos como sacrificios de animales o plegarias. Asimismo, numerosos templos fueron construidos, varios festivales y bailes fueron realizados e incluso los mismos cónsules tenían atribuciones de la religión.
En cuanto al culto imperial, este vino impuesto tras la llegada de los emperadores, específicamente a partir de la muerte de Julio César. Durante el principado de Augusto, el significado sagrado del emperador se intensificó, por lo que se construyeron templos en su honor y a su muerte, se divinizó. Esta herencia la cargaron todos los emperadores sucesores.
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